¿Qué es ser escritora?
O por qué nos cuesta tanto asumir una palabra que nos define por acción y acepción
Os doy la bienvenida a El peregrinaje de la escritora novel, una nueva sección de Palabras hacia Japón. Uno de cada dos lunes, os contaré algunos detalles de mi experiencia como autora, del proceso de escritura, de los errores de novata que cometo y seguiré cometiendo y de las novedades que vayan surgiendo en mis proyectos.
Hace ya algún tiempo que le estaba dando vueltas a una manera de compartir estas inquietudes sin restarle fuerza al pilar de este boletín, que es ofreceros historias sobre Japón y relatos que os ayuden a conocer y reconocer mi voz como escritora.
Creo que la decisión de espaciar los relatos cada quince días y mantener las publicaciones de los jueves para hablar de las obras que leo, su contexto y sus curiosidades es la más práctica. Sobre todo porque el tiempo es oro y añadir una tarea más al calendario editorial supondría seguir restando tiempo a la escritura de novelas, que es, y debería seguir siendo, mi principal cometido.
¿Por qué lo hago? Porque, aunque entrar en Substack y conocer a otras autoras y personas vinculadas al mundo editorial me ha servido para tener un poco más claro cómo avanzar y qué caminos tomar, siempre surgen preguntas que no encuentran la respuesta que estabas buscando. Quiero pensar que hablar de procesos y experiencias desde lo que he vivido puede aportar algo útil y servir a personas que, como yo, están empezando a recorrer esta senda.
Y también porque es otra manera de que me conozcáis. A mí, a mis novelas y sus mundos. A lo que significa la escritura para mí, a la manera en la que prendió la llama de las palabras en mi interior, a lo que persigo cuando me siento delante de la pantalla del ordenador y empiezo a juntar ideas y a sacar las escenas de mi mente para plasmarlas en un texto. A lo que es para mí, en definitiva, ser escritora.
Pero, ¿qué es ser escritora?
Hace justo un año, recién inaugurado el mes de julio, el primer borrador de la primera novela de mi saga de fantasía —Proyecto Faro— descansaba sobre mi regazo. Mi tío, que tiene una papelería en el centro de Oviedo, me lo acababa de imprimir y encuadernar.
Él fue la primera persona que supo de su existencia. Durante los cuatro meses anteriores había estado trabajando en la historia a conciencia, tan absorta delante del teclado que las tardes se me pasaban en un suspiro.
Nunca me había sentido tan atrapada por la escritura. El mundo que había ido construyendo, montaña a montaña, río a río, ciudad a ciudad, personaje a personaje, estaba en mi cabeza a todas horas. Era lo primero en lo que pensaba al despertar y lo último que veía al cerrar los ojos en la cama. Aún a día de hoy me sigue pasando, aunque el proyecto se esté tomando una pausa para madurar antes de retomarlo y lanzarlo al mundo.
Ya habrá tiempo para hablaros en más profundidad de esta fantasía. La cuestión es que, una vez que dejó de ser un documento de Word para convertirse en un manuscrito impreso que pude sostener entre mis manos, comencé a sentir el peso de lo que había creado y la necesidad de compartirlo con alguien más.
Esa misma tarde, en el pueblo, se lo enseñé a mis padres. Y su primera reacción se quedó grabada a fuego en mi cabeza:
—Tenemos un proyecto de escritora —comentó mi madre, deslizando las páginas con una mezcla de intriga y expectación.
—No —la corrigió mi padre—, tenemos una escritora.
¿Cómo saber la diferencia? En aquel entonces no estaba segura de cómo responder a esa pregunta. Mientras estudiaba la carrera de Periodismo, sabía que me podía considerar un proyecto de periodista porque todavía estaba formándome y no ejercía como tal, pero, ¿qué sucede con una escritora?
¿Eres un proyecto de escritora mientras le estás dando forma a tu novela y te conviertes en escritora cuando la has terminado? ¿O es necesario que una editorial te la publique para tener derecho a usar esa categoría? ¿Qué ocurre entonces con los autopublicados? ¿Son menos escritores? ¿Y quiénes no buscan publicar sino solo liberar su mente y su alma a través de la escritura?
Si acudimos al diccionario de la RAE, la primera definición del vocablo escritor, ra ya nos saca de dudas:
Del lat. scriptor, -ōris
m. y f. Persona que escribe.
Un lector es alguien que lee, una soñadora es alguien que sueña, un conductor es alguien que conduce y una corredora es alguien que corre.
¿Por qué, entonces, nos da tanto miedo definirnos con la palabra escritor si lo que hacemos es escribir? Os dejaré esta pregunta al final del artículo para que vosotras y vosotros mismos compartáis vuestras reflexiones.
En mi caso, pensar que era más correcto considerarme un «proyecto de escritora» que una «escritora», a secas, tenía que ver con la visión incompleta que poseía entonces del mundo editorial. Con la convicción de que, para acceder a él y que mi nombre apareciera en la mesa de novedades de las librerías, tenía que tener una editorial detrás. Con la idea preconcebida de que, si optaba por la autopublicación, sería igual que lanzar una caña de pescar sin cebo y confiar en que algún pez desprevenido picara el anzuelo.
Los estantes de ideas de mi cabeza se han ido reordenando durante los últimos doce meses y ahora ya no lo concibo así.
Otro día volveré sobre esta cuestión para contaros los puntos de inflexión que me hicieron abandonar ese pedestal de ignorancia en el que lo más difícil de ser escritora parecía poner la palabra fin en una novela.
Me considero escritora porque escribo los relatos que os envío los lunes, las reseñas de las obras que leo, los boletines de los jueves que analizan esas lecturas desde otro prisma. Soy escritora porque decidí autopublicar mi primera novela y, si no pasa nada raro, estará a la venta antes de que llegue el otoño. Soy escritora porque Proyecto Himitsu II ya lleva 25.000 palabras, porque tengo una saga de fantasía pidiéndome a gritos que la comparta con el mundo y porque en mi libreta de proyectos hay muchas ideas esperando su turno.
Soy escritora porque decidí que quería ser escritora. Incluso en los días difíciles, cuando dudo de tres de cada cuatro palabras que he tecleado, la escritura continúa siendo lo que me hace sentir viva. Y no quiero soltar su mano nunca.
Por si acaso se me olvida, la tapa de mi ordenador luce una pegatina que me lo recuerda: Soy escritora.
Y ahora te lo pregunto a ti. ¿Por qué eres escritor, ra? ¿O todavía sigues dudando si es legítimo usar esa palabra para definirte? Si es así, ¿qué te frena? Cuéntamelo en comentarios.
PD: Esta newsletter sigue llevando por título Palabras hacia Japón y, ya que he llamado a esta nueva sección El peregrinaje de la escritora novel, os contaré una curiosidad nipona:
El camino de peregrinación más famoso de Japón es el Kumano Kodo, una ruta con más de un milenio de antigüedad, recorrida en su día por emperadores y nobles, que busca la purificación del cuerpo y la mente y la comunión con la naturaleza. Aunque consta de diferentes senderos, todos ellos conectan los tres grandes santuarios de la región: Hongu Taisha, Hayatama Taisha y Nachi Taisha. La ruta Nakahechi, una
de las más populares, se puede recorrer en tres o cuatro jornadas.
Sin embargo, hay una peregrinación que me recuerda especialmente a la vida de la escritora: el Shikoku Henro o camino de los 88 templos. Es una ruta muy exigente, tanto en tiempo como en distancias, que recorre la friolera de 1.200 kilómetros. Aunque se puede hacer en coche o transporte público, visitando los lugares sagrados, ¡hay quien la completa entera a pie!
Es un sendero arduo y tortuoso, que te pone a prueba tanto física como mentalmente y te lleva a desafiar tus propios límites, a empaparte de la espiritualidad del viaje, a conectar mejor contigo misma y a conocer nuevos rincones y personas. Como el peregrinaje de la escritora novel, que se adentra en un territorio desconocido y tiene que aprender a navegarlo sin desfallecer ante las dificultades.






Soy escritora aunque escriba poco (?)
Andrea, para mí has sido el descubrimiento de Substack de lo que llevamos de verano. He leído varias de tus entradas y tengo guardadas otras. Gracias por tu labor.
Como en tu caso, adoro todo lo nipón, el género fantástico, estudié Periodismo, me encanta Kimetsu y Shingeki...
Me considero escritor, porque llevo más tiempo siéndolo que sin serlo. Es «culpa» de una maestra que nos mandaba a escribir cuentos. Sin escribir, mi vida no habría sido lo que es.
Sin embargo, cuando el mundillo literario se vuelve más «mundillo» que «literario», como decía Carlos Ruiz Zafón, opto por usar otros términos como juntaletras, letraherido...
Actualmente, estoy a la espera de que una editorial publique el libro de investigación que hice sobre un manga muy conocido y estoy reescribiendo una novela de fantasía basada en mi primer viaje a Japón (siempre he pensado que funcionaría como manga, pero me temo que es difícil encontrar un buen dibujante y un mercado que promueva el cómic).
Sin más, espero seguir leyéndote y compartiré un enlace a tu newsletter en la mía.
¡Un saludo!